La escuela de Marsella, y por qué se nota
Leemos el tarot de Marsella: veintidós arcanos mayores y cincuenta y seis menores, la baraja completa. No es una precisión de vocabulario, porque dos escuelas no leen igual una misma carta.
El indicio más simple es la numeración: aquí la Justicia lleva el VIII y la Fuerza el XI. Las escuelas anglosajonas surgidas de la Golden Dawn las intercambian. Nuestros textos están escritos en la escuela de Marsella, y un control automático rechaza todo contenido que llegue con la otra numeración.
Escuela de Marsella, a partir del grabado de Nicolas Conver (1760) y de su lectura por los tarólogos francófonos contemporáneos.
La mezcla, antes de tu elección
La baraja se mezcla antes de que veas nada, con un barajado completo, carta a carta, del mismo tipo que el que se hace a mano. El generador que lo conduce no es un azar improvisado: es un procedimiento público y especificado, que cualquiera puede reimplementar en otro lenguaje.
Una precaución invisible y sin embargo decisiva: sacar un rango al azar tomando simplemente un resto de división favorece ligeramente a las primeras cartas. Repetimos el sorteo cuando cae en la zona que lo sesgaría, lo que hace que cada carta sea exactamente tan probable como sus vecinas.
Tu gesto cuenta
La baraja mezclada no sale nunca de nuestros servidores antes de la revelación. Si llegara a tu navegador, bastaría con mirar para leer las cartas antes de elegirlas, y el gesto perdería su sentido. Ves dorsos de cartas, y eres tú quien señala las que se pondrán.
Esa elección es tu parte de la tirada, el equivalente de la mano que corta la baraja sobre una mesa. El sentido de cada carta, del derecho o del revés, queda fijado en la mezcla, antes de que señales, igual que queda fijado físicamente en cuanto una carta se pone boca abajo. Vale también para las cartas de dibujo simétrico: es la tirada la que sabe de qué lado reposa, no la imagen.
Lo que sacaste es lo que se lee
Una tirada se congela en el momento en que se hace, y se conserva tal cual. No se vuelve a jugar cuando se escribe la lectura. La diferencia con una carta astral es entera: dos cálculos de la misma carta dan el mismo cielo, mientras que dos mezclas dan dos tiradas, y nada delataría el cambio.
Por eso también cada lectura se abre con el registro de tu tirada: las cartas puestas, en su lugar y en su sentido, y, cuando la figura la tiene, aquella que fue calculada en vez de sacada. Puedes releer el texto meses después sabiendo exactamente en qué se apoya.
La tirada es un hecho. Su lectura es un arte.
Siempre distinguimos ambos: las cartas salidas se constatan, el sentido que se les da pertenece a una escuela, y la nombramos.
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